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Full text of "En honor a Simón Bolívar"

F 2235. 3 
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. Valdivieso Montano. 






EN HONOR DE 
SIMÓN BOLÍVAR 



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Tipografía Cosmos 
CARACA/— MCMXV1II 




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UNIVERSÍTY OE 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2235.3 
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This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 



DATE nvT 
DIE 


DATE 
DUE 



















































































































































Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/enhonorsimnbolvaOOvald 



Dr. A. Valdivieso Moniaño. 



EN HONOR DE 
SiMON BOLÍVAR 



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V /3. 



Tipografía "Cosmos" 
CARACA J - — MCMXV1II 



Discurso pronunciado por el Dr. A. 
Valdivieso Montano, en la Ca,sa Munici- 
pal de La Unión, Estado Zamora, en las 
solemnidades del 28 de Octubre de 1917, 
día onomástico del Libertador. 



Señores: 

Siempre es consolador para los espíritus 
que consideran el culto a los héroes que ños 
dieron patria, como otra religión indispensable 
al hombre, tener oportunidad propicia/para en 
la ocasión del advenimiento del día llamado a 
rememorarlos, deshojar ante el ara de su re- 
cuerdo indeleble, las flores del pensamiento en 
holocausto ingenuo y ferviente, aunque las 
ideas emitidas no alcancen a traducir en elo- 
gio del héroe y su obra, toda la intensa emo- 
ción que se pusiera a contribución para en ele- 
vado estilo merecidamente exaltarla. 

Los Pueblos que rememoran sus héroes na- 
cionales y exultan orgullosos sus proezas que 
los redimieron, creando patria libre; que can- 
tan el pasado porque refleja y simboliza hon- 
ra para el presente, tienen una alta concep- 
ción de su valía en el concierto mundial, como 
colectividades no solamente creadoras, sino ap- 
taüs para subsistir con gobierno propio llenan- 



— 6 — 

do los fines de toda comunidad civilizada. Son 
Sociedades para quienes la candente lucha de 
emancipación, de la cual resurgieran acrisola- 
damente depuradas, es una carta de presenta- 
ción que las hace acreedoras de todo miramien- 
to, alabanza y veneración, y que teniendo una 
alta visión de su porvenir que lo entreven 
grandioso, festejan cabalmente su gloria preté- 
rita, buscando cobrar de ella estímulos como 
medio propicio de lograr encaminarse por su 
derrotero futuro. 

Blasonar de los tiempos de nuestra epo- 
peya, en los cuales nuestros antepasados im- 
buidos en la exaltación de patrio ardor, pu- 
sieron a contribución inteligencias y brazos pa- 
ra en santa emulación de infinitos entusias- 
mos acometer y conducir con éxito feliz lo 
irrealizable, como son las acciones guerreras 
de Queseras del Medio, San Mateo y Toma de 
las Flecheras, es considerarse pueblo grande, 
digno del respeto y del acato de las demás na- 
ciones, por su hoja de merecimientos; que 
arranca de su origen heroico el lauro que ciñe 
su frente radiosa para con él abroquelarse y 
abrirse paso en las luchas del derecho, como 
igualmente en las de la fuerza, si hay lugar 
también a ello, en el porvenir. 

La Historia nos dice que todo Pueblo, des- 
de la infancia de las primeras Sociedades civi- 
lizadas, es decir, de aquellas Comunidades que 
primero tuvieron instituciones legales, gobier- 



— 7 — 

no y cierto cultural comercio social, ha cimen- 
tado en una más o menos bien urdida ideali- 
dad, sus orígenes. Así, los griegos, galos, ger- 
manos, y otros tantos, ven sus respectivas na- 
cionalidades emergiendo de la obscura niebla 
de los primitivos tiempos, por la obra ciclópea 
de dioses y de héroes que realizan para llegar 
a constituir los primeros núcleos pobladores, 
prodigios que son a las veces suertes de mila- 
gros de magnitud y de bellezas tales, pero de 
una belleza embelesante como emanados que 
son de ingeniosas urdimbres y de inventivas 
enhebradas fina y sutilmente en los dominios 
de le fábula. 

Racional es que exhibamos en nuestros ana- 
les si no dioses, sí cíclopes como Páez, sí Se- 
midioses, como lo es en nuestra historia Simón 
Bolívar, el de la espada flamígera con la que 
cortó toda cadena de servidumbre, de vasallaje, 
de oprobio y de baldón: Libertador de pueblos, 
Fundador de naciones: Legislador que dicta a 
los Estados que emancipa y crea, constitucio- 
nes que son a través del tiempo, perfectos mo- 
numentos de leyes: orador de verbo tal que, 
transportando los espíritus, los sugestiona y 
electriza con su palabra prepotente a la vez 
que harmoniosa y saturada de una dulcedum- 
bre extasiante: escritor atildado en cuya gala- 
na prosa pulquérrima vése el connubio de la 
vibración templada de un alma de acero con la 
níusitante armonía poética que brotaba de su 



— 8 — 

espíritu como de una cítara tañendo eterna- 
mente rítmica en él: galante en los salones, 
oportuno en rendir a la dama el fino cumplido: 
artista, en cuyo interior se agita de continuo 
lo que de poeta hay innato en él, para tras- 
lucirse en sus escritos en períodos que seme- 
jan fragmentarios trozos de poemas épicos que 
suenan, unos, como estrofas vigorosas tal como 
el temple de su alma vencedora, o modulan, 
otros, madrigales tiernos como un eíiuvio, co- 
mo el suave aliento de una nubil: gentilhom- 
bre y caballero: justiciero dispensador a cada 
uno de lo que es suyo: protector del débil, am- 
parador del necesitado, otorgador de todo bien 
aún con* menoscabo de su fortuna personal, la 
que consumió-aún siendo cuantiosa como lo 
fué-en dádivas a su familia, a los amigos, a 
los proletarios, y por último, en gastos reque- 
ridos por la causa de la redención que acau- 
dillaba: guerrero electrizador con sus arengas 
de los ejércitos que comandaba, conduciéndolos 
de uno a otro confín por en medio de una ruta 
luminosa de victorias estruendorosas. 

Bolívar ! Nuestros ojos extasiados lo con- 
templan en elevado sitial refulgente, allá en 
las alturas en donde forman cenáculos los dio- 
ses; y de allí, bajando las miradas por la te- 
rráquea extensión, lo vemos, en alas de una de- 
lectación de pasmódico arrobamiento, siguien- 
do atónitos la estela de su derrotero, cómo, im- 
berbe aún, en amable contertulio con su maej- 



— 9 — 

tro Simón Rodríguez, en el Monte Sacro, de 
pronto se transporta, para, en admiración tan- 
to de lo grandioso como de lo corrompido, de 
lo enaltecedor como de lo excecrable, que dio 
Roma, jurar, poseído de emoción patriótica, 
no darse reposo hasta no ver la América libre 
de los grillos del coloniaje español; lo encon- 
tramos en 1810 diplomático en Londres, agre- 
gado al Legado de la Junta Patriótica enviado 
en misión procuradora de apoyo para la causa 
de la emancipación; lo vemos después en las 
barras del Congreso de 1811— ya que no podía 
como Diputado^, opinar romper de una vez con 
España, por no habérsele distinguido con re- 
presentación en aquel Cuerpo, a causa de ha- 
llarse todavía en los lindes de la anonimía— 
agitar las masas para que ejerzan presión so- 
bre el Congreso a fin de que éste declare la 
radical independencia de Venezuela; vérnoslo 
en 1812, después de la capitulación en La Vic- 
toria de los ejércitos de la naciente República, 
escaparse fugitivo de las garras del vencedor 
Domingo de Monteverde para ir a agitar con su 
soplo providente la hoguera de la rebelión en 
la Nueva Granada; vérnoslo, adolescente aún, 
estrenarse como combatiente en las riberas del 
río Magdalena donde vence siempre en impe- 
tuosos ataques a los enemigos. 

Tan brillantes triunfos conquístanle el apo- 
yo de Camilo Torres, el austero patricio Presi- 
dente de la Nueva Granada, quien le depara 



— 10 — 

ejércitos para invadir a Venezuela y reconquis- 
tarla a la vida independiente, como logra inva- 
dirla en 1813, y venir desde Cúcuta hasta Ca- 
racas, triunfante en incruentas luchas, campa- 
ña ésta que tan asombrosamente realiza que se 
la califica: "la Campaña admirable," y que le 
reporta como galardón el título de: "El Liber- 
tador," que la Patria agradecida le otorga; ven- 
cedor y a veces vencido, en 1814, es incansable 
en acudir a todas partes a socorrer a todos sus 
tenientes en desbandada, aplastados por el nú- 
mero; proscrito en distintos períodos desde 
18i5 hasta 1817, siendo aventado del país por 
los ejércitos enemigos, pero para volver de se- 
guidas con nuevos recursos y nuevos bríos; 
inexorable en 1818, luchando tanto con los rea- 
listas como con la anarquía y la ambición in- 
ternas, domeñando a aquéllos y aplastando a 
éstas; vérnoslo varias veces escapar del puñal 
enemigo que no pierde ocasión de tenderle ce- 
ladas tanto en el país como en el exilio, tra- 
tando de conseguir con ellas deshacerse de su 
poderoso enemigo a quien no puede destruir 
en los combates; vérnoslo en 1819 en Angos- 
tura sentando las bases de la República de Co- 
lombia la Grande con las de Venezuela, Nueva 
Granada y Quito, e inmediatamente partir a 
sellar la independencia de la Nueva Granada 
como lo alcanza en la batalla decisiva de Bo- 
yacá; exterminador definitivo de los ejércitos 
realistas en Carabobo, en 1821, de seguidas 



— 11 — 

concibe realizar la independencia de toda la 
América austral, cimentando la redención del 
Ecuador en la batalla de Pichincha, la del Perú 
en la de Junín, y logrando, en la inmarcesible 
batalla de Ayacucho, no sólo la de Bolivia, sino 
la cabal tranquilidad de éste Continente, libre 
de futuros enemigos, de posible reacción desde 
México hasta la Patagonia. 

Guerrero, legislador, estadista, vidente, to- 
do lo fué. Naturaleza, múltiple en sus dones 
para con él, de todo lo dotó con largueza. Di- 
plomático, vérnoslo, visionario del futuro, con- 
vocando un Congreso General de Naciones en 
Panamá para asegurar de un modo previsor 
que le enaltece, la estabilidad de las nacionali- 
dades que fundara; para sentar las bases del 
comercio internacional por venir; para ver de 
hacer de Panamá,-como se ha logrado ya al 
presente, gracias al esfuerzo de los yanquis,-- 
el corazón de América, y la llave, el punto cén- 
trico convergente del tráfico entre Europa, 
Asia y África. 

Columbrárnosle al final de tanta proeza, 
tantos triunfos y tanta gloria que lo circunda- 
obra de magia para ser ejecutada por un solo 
hombre-enfermo, triste, macilento, pobre y 
proscrito. Ha sido ese el premio otorgado 
siempre a los redentores ! Sintiéndose morir, 
presiente el derrumbamiento de su obra por 
la división de la discordia que traerá tras de sí 
el espectro de la guerra civil que, en efecto. 



— 12 — 

nos ha devorado, tal como lo presintió, y que 
ha sido remora en las instituciones, en el desa- 
rrollo del comercio y en la evolución social, 
ideal y política de América; y, no obstante tan- 
ta ingratitud, sintiéndose postrado por dolo- 
res morales y materiales que desgarran su exis- 
tencia, por el tósigo de un mortal desengaño, 
tiene todavía dentro de su pecho el corazón 
generoso, pleno de desinterés y de misericor- 
dia, para darnos su postrer consejo de sacrifi- 
cio y de amor: "unión, oh pueblos, o la anar- 
quía os devorará". 

r Alta honra, orgullo soberano, engreimiento 
indecible y justo, explosión de amor sacrosanto, 
todo ello posee a Venezuela al festejar pom- 
posamente de uno a otro confín de su suelo el 
día en que, para su más excelsa dicha, vio la 
luz en su seno privilegiado, Simón Bolívar, por 
que por este solo hecho, de ser la madre feliz 
de tan Grande Hombre, exhíbese ante el mun- 
do en elevado sitial hacia el cual converge una 
eterna espectación admirativa, entre el esco- 
gido grupo de las naciones más famosas por el 
timbre y prez que alcanzaron y que ciñen sus 
testas augustas con deslumbrantes diademas 
de gloria. 

Acaso la Providencia, ha señalado con su 
dedo de bondadosa deferencia a Venezuela, por 
cuanto la escogió, distinguiéndola y enaltecién- 
dola para siempre en la historia, al destacarla 
a la admiración universal, haciéndola objetu 



— 13 — 

de dos de los hechos más notables de la huma- 
nidad. El primer punto del Continente ame- 
ricano que tuvo el lustre de ser pisado por el 
inmortal navegante genovés, descubridor de 
mundos nuevos: Cristóbal Colón, lo fué Macu- 
ro, en la Península de Paria, de esta hermosa 
tierra venezolana: nos fué deparado el singular- 
designio de que por esta región nuestra, comen- 
zara Ja conquista y tarea civilizadora de este 
Continente; y que, siglos después, en Venezue- 
la naciera el que debía transformar en nacio- 
nes libres, aptas para la vida del derecho, a 
las florecientes Colonias, desde el Avila airoso 
hasta el estrecho de Magallanes. 

Este otro ser extraordinario fué Simón Bo- 
lívar. Si grande es Colón, visionario que en el 
mundo de su cabeza privilegiada, colmada de 
ciencias y de ideas modernamente creadoras, 
vislumbraba otro mundo perdido entre las te- 
nebrosidades de lo ignorado, arrullado en las 
sombras de su abandono por la música eternal 
de los olas de dos océanos que, de concierto, 
lo ciñen en abrazo de amor inextinguible por 
infinito, mundo nuevo que-con la protección 
de una mujer: Isabel la Catóica, reina munifi- 
cente que le proporciona buques y dinero para 
que persiga su delirante ensoñación de descru- 
brimiento-al fin revela al mundo viejo atónito, 
y emocionado al ver hecho tangible su ensue- 
ño, puesto de hinojos, besa sobre la faz la tierra 
virgen por inhollada por pies civilizados, y que 



— 14 — 

acaba de descubrir; si grande fué Colón por esa 
hazaña, grande es Bolívar que a ese mundo 
nuevo completa, después de tres siglos de ha- 
bérsele sacado del misterio de esa existencia 
ignota, fundando sobre la cultura que la Con- 
quista imprimió a la Colonia, vasalla y tribu- 
taria, una cultura nueva por independiente, 
con aspiraciones propias, y en su desarrollo 
intelectual émula digna de la Madre Patria es- 
pañola, por quien nos desvivimos en correspon- 
derle el bien inestimable de que le somos deu- 
dores por habernos dado existencia entre los 
Pueblos libres y civilizados. 

Colón descubriendo este paraíso de Amé- 
rica, Bolívar creando en él países autónomos. 
Feliz Venezuela de hallarse iluminada para 
siempre por los destellos de tan altas estrellas 
que brillan de modo tan resplandeciente en el 
cielo de América. 

He dicho. 



UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



00032460701